La mayorÃa de asesores comerciales que hemos observado durante más de 20 años no venden.
Informan.
Toman pedidos.
Alcanzan productos.
Responden preguntas.
Y esperan que el cliente compre.
El problema no siempre es de conocimiento. Muchas veces es de enfoque, habilidad y, sobre todo, de entender la influencia real que puede tener un buen vendedor sobre una decisión de compra.
Hay patrones que vemos una y otra vez:
No hacen preguntas estratégicas para entender al cliente.
Hablan mucho más de lo que escuchan. En algunas interacciones, tres o cuatro veces más que el cliente.
Explican caracterÃsticas y requisitos, pero rara vez traducen eso en beneficios concretos.
Esperan pasivamente a que el cliente pregunte.
No conducen la conversación hacia el cierre.
Frente a una objeción, muchas veces terminan reforzándola en lugar de resolverla.
No aprovechan descuentos, campañas, financiación, respaldo de marca u otros argumentos comerciales para impulsar la decisión.
El CRM se llena mal, incompleto o simplemente no se llena.
Y el seguimiento, cuando existe, suele ser genérico y sin estrategia.
Lo más preocupante es que muchas marcas venden a pesar de sus vendedores.
Ahora imaginemos lo contrario.
¿Qué pasarÃa si cada punto de venta tuviera asesores capaces de descubrir necesidades, construir valor, manejar objeciones, aprovechar oportunidades y buscar activamente el cierre?
Los vendedores realmente extraordinarios existen.
Pero son pocos. (menos del 5%)
Y mientras las empresas sigan conformándose con asesores que solamente informan, van a seguir dejando una cantidad enorme de dinero sobre la mesa.
Un asesor comercial no está para contarle al cliente lo que hay. Está para ayudarlo a tomar una decisión.